sábado, 30 de julio de 2011

SOY CREYENTE, SOY ATEO.

 ¿Soy creyente o soy ateo?

Es un tema peliagudo, desde Febrero a esta parte las cosas no terminan de ir bien. El Memorial Fernando García Herreros sufri desde el primer kilómetro, el estudio pormenorizado de la carrera (viva los GPS) me dice que Salí pisando huevos (Güevos), mi intención era ir cómodo para después atacar todo los sube y baja hasta el Mondalindo, terreno que a priori me viene fenomenal pues se sube pero las subidas no son técnicas y la bajada del Mondalindo… por Dios una gozada ojala todas fueran iguales o por el estilo… Pero no, el GPS me chiva que desde el primer kilómetro voy de mal en peor y solo mejore en los kilómetros finales.
 Durante toda la carrera me acorde del divino y creador… no muy bien.

 Llego San Pablo de los Montes, allí por los Montes de Toledo, media maratón por Montaña, por temas de categoría, y  ir cogiendo forma, creia yo que la cosa me podía ir muy, muy bien, pero estamos igual. Salí súper conservador, me toco pasarlo mal y a cuatro kilómetros a meta uno de mis pinchazos de los que hacen historia y quitan las ganas… fui prudente, creo en mi Dios y me dije que algo me debía de estar reservando.

Cruz de la Muela, Orihuela


 Y por fin la cita, la carrera que al menos en la primera mitad de la temporada me daría ánimos y ganas (por Dios que no hablo de ganar, si no de disfrutar), entrené relativamente bien, probé a entrenar por la Sierra de Orihuela (bien, muy bien) como estaba de vacaciones la idea era no llegar bajo ningún concepto cansado y si rápido, ya que es una carrera rápida y nada técnica, llega mi último día fuerte, decidí que lo mejor era el miércoles pues así hasta el domingo tenia más que tiempo de descansar y como la idea después de la carrera era bajar un poco la forma y relajarme a tope mi última semana de mis vacaciones, pues el miércoles era el día ideal y tocaba rodaje fuerte, 14 kilómetros en progresión con nuevas ideas sobre el tema de las salidas en las competiciones y la progresión en los primeros kilómetros, todo iba fenomenal, no me encontraba cansado, desde hacia tiempo, no me sentía tan ligero e incluso no acusaba mi entrenamiento por la Cruz de la Muela (Orihuela, casi 400 metros de desnivel) cuando en el kilómetro 8, pinchazo en el Gemelo Izquierdo, ¡NO¡, el dolor de hace un año, no me lo podía creer.
  Llevo medias de compresión para evitar ese problemón que no me dejaba entrenar en mi primer año, dos pasos más y me paré… como el circuito es lineal, voy por un margen del río Segura y vuelvo por el otro, me toco andar hasta casa, jodido, no me podía creer que mi Dios me hiciera esto, el gemelo lo notaba hinchado, por suerte no forcé (me costo parar, corría fuerte, me sentía fuerte), andando la vuelta a casa me entraban ganas de llorar…
 Descanse hasta que llego el domingo, como Yolanda quería terminar la temporada con una carrera por  montaña había que ir y allí fuimos, calenté con Yolanda, muy cabreado, ella me conoce y reconozco que durante el calentamiento se lo hice pasar mal pues cuando las cosas no me salen me cabreo con todo y con todos, en esos momentos era ateo redomado,  respiré, estaba cojo, los casi cuatro días de descanso me vinieron bien y apenas era una molestia, pero si forzaba notaba el calambrazo, la culebrilla que da miedo, y que los que hemos tenido roturas de fibras en el gemelo o distensiones la conocemos bien, si te pega fuerte…meses parado.
 Salimos, Yolanda sale bien y rápido, por lo que casi se me fue en los primeros 500 metros, dude no sabia si seguirla, parece que me sentía mejor y me pegue a Yolanda y apareció su tesón, coraje y ganas por hacerlo bien y disfrutar, esa era Yolanda, me transmitió el buen hacer y me sentí bien a su lado.
 Cuarta de la general y tercera de su categoría, disfrute a su lado, mereció la pena sin lugar a dudas y ya en la primera mitad de la carrera era creyente de nuevo creía en todo y sobre todo en Yolanda.


Yolanda, la más grande.

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